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sábado, 10 de noviembre de 2012

Morin, Edgar


 
París, Francia, 8 de julio de 1921. Su verdadero nombre es Edgar Nahum. Licenciado en Geografía e Historia y en Derecho por la Universidad de Toulouse, realizó además estudios en Ciencias Políticas y en Filosofía. En 1942, la Resistencia lo convierte en "universitario incompleto", según sus palabras. Después de la Liberación es nombrado jefe de propaganda del ejército francés de ocupación en Alemania (1945-1946). Investigador del Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS) desde 1950, accede al cargo de Director de Investigaciones en 1970. En 1977 fue nombrado director del CETSAP, Centre d'Études Transdisciplinaires (Sociologie, Anthropologie, Politique) de la École des Hautes Études en Sciences Sociales. Formó parte asimismo del Centro Internacional de Estudios Bioantropológicos y de Antropología Fundamental (CIEBAF).

La preocupación de Edgar Morin por los temas sociales va unida al compromiso político; así, por ejemplo, el vacío de una Alemania destruida y devastada lo incitará a escribir su primer libro, L'an zéro de l'Allemagne. Como dirá en Para salir del siglo xx, todo lo que no es político comporta al menos una dimensión política. Afiliado al Partido Comunista Francés, sus críticas a lo que denominó "comunismo de aparato" bajo el stalinismo provocan su expulsión en 1951. Su autobiografía política correspondiente a esta experiencia da lugar a Autocrítica; pero en el prefacio a la tercera edición de este libro, de 1974, considera que los problemas fundamentales abordados en él continúan abiertos. En efecto, observa que la dialéctica petrificada, el dogmatismo, la creencia en un progreso inscrito en la temporalidad histórica, la racionalización burocrática, son rasgos del presente, que califica de edad de hierro planetaria. El impulso por superar esta etapa será una constante en su pensamiento.
   En 1951 publica El hombre y la muerte, libro en el que aborda el tema de la muerte con un enfoque a la vez antropológico, social, histórico y biológico, es decir, considerando la muerte como un fenómeno humano total. Su interés no se refiere solamente a la muerte en sí, sino al hombre sujeto de la muerte. Pero a partir de este tema descubre que para entender cualquier realidad humana es preciso integrar los distintos niveles, desde la realidad biológica hasta la mitológica, surgiendo en él también la necesidad de integrar la información de diversas disciplinas, desde la etnografía hasta la historia de las religiones. Esta temática bioantroposocial será más adelante recogida en El paradigma perdido, donde se propone superar la oposición naturaleza-cultura, intentando la articulación entre la esfera biológica y la esfera antroposocial sin caer en reduccionismos simplistas, sino apelando al principio de explicación de autoorganización. Este esfuerzo integrador interdisciplinario va tomando forma en distintos proyectos: en 1959 funda, con algunos amigos, la revista Argumentos, inspirada en una antroposociología abierta; de 1951 a 1957 se ocupa, desde el CNRS, de una antropología del cine y publica El cine o el hombre imaginario y Las estrellas de cine. En 1968 se integra en el Grupo de los Diez, formado principalmente por biólogos y cibernéticos. Desde allí, Jacques Sauvan y Henri Laborit lo inducen a ver en la cibernética, no una reducción simplista de esquemas mecánicos, sino una introducción a la complejidad. Un año más tarde, Jonas Salk lo invita al Salk Institute for Biological Studies. Allí, sus conversaciones con John Hunt y Jacques Monod, y su descubrimiento de la obra de Gregory Bateson, lo llevan a un replanteamiento epistemológico radical. Al mismo tiempo Henri Atlan lo inicia en la teoría de los autómatas de John von Neuman, y en el principio del order from noise, el "azar organizador" de Heinz von Foerster.
   En todas estas etapas, incluido su paso por el CIEBAF, puede realizar su vocación de ser "eterno estudiante", inconformista, multidisciplinario, o como él mismo dice en Ciencia con conciencia "indisciplinar", atraído desde sus comienzos por un enfoque de los problemas humanos, metodológicos e ideológicos desde la complejidad, evitando siempre los planteamientos cerrados y simplificadores. Ese esfuerzo interdisciplinario se desarrolla hasta llegar, entre 1973 y 1991, a los cuatro tomos de El método. Morin aclara que en esta obra no aporta un método, sino que lo busca. El método que propone es, en realidad, un antimétodo, no pudiendo reducirse a un conjunto de recetas técnicas. Recurre al origen etimológico de méthodos, "camino", o al concepto de "viaje" (trip) en el sentido de experiencia de donde se vuelve cambiado.
   Su tentativa parte del suelo científico en convulsión. La crisis que atraviesa la ciencia se nutre de sus progresos: el enorme progreso del conocimiento científico, paradójicamente, acrecienta la incertidumbre, que para Morin es insuperable. El surgimiento de lo no simplificable, de lo incierto, de lo confuso, es inseparable de los nuevos desarrollos de la ciencia del siglo xx. El conocimiento ordenado, seguro, evidente, al que aspiraba Descartes, no existe. Se trata, según Morin, de una nueva conciencia de la ignorancia. Pero no de la ignorancia común, sino de la ignorancia agazapada, disimulada en el conocimiento admitido como el más cierto: el conocimiento científico.
   Se llega entonces al problema fundamental: la ciencia debe ser cuestionada. Pero ¿qué es la ciencia? Para Morin esta pregunta no tiene respuesta científica. No hay ciencia de la ciencia. La ciencia actual es sin conciencia. Mediante estos términos Morin alude a la incapacidad de la ciencia para reflexionar sobre sí misma, para situarse, problematizarse. No hay conocimiento sin conocimiento del conocimiento. La ciencia actual, a pesar de sus enormes éxitos, adolece de insuficiencia y mutilación. Es incapaz de concebirse como praxis social; incapaz, no solamente de controlar, sino de examinar reflexivamente el poder surgido de su saber.
   El planteamiento de Morin supone, en primer lugar, la exigencia de superar el paradigma cartesiano que ha dominado en Occidente desde el siglo xvii. Al recoger la noción kuhneana de paradigma, introduce en El Método IV, el término Arkhe en el sentido de lo que es a la vez "anterior" y "fundador", subterráneo y soberano, subconsciente y supraconsciente. Es la invisibilidad del paradigma lo que lo hace invulnerable; por ello, el paradigma cartesiano, a pesar de haber entrado en crisis, aún sigue vigente. Morin observa que en el curso de la historia occidental un núcleo paradigmático profundo rige los principios de organización de la ciencia, la economía, la sociedad y el estado. Este trazo común se manifiesta, en los distintos ámbitos, por la misma reducción al orden, el cálculo, la racionalización, la manipulación, la disociación de la realidad en disyunciones excluyentes. La ciencia clásica, por su parte, obedecerá al gran paradigma de Occidente segregando un paradigma de simplificación propio, estableciendo una versión determinista perfecta de un universo obediente a unas pocas leyes eternas, excluyendo de la cientificidad todos los ingredientes de la complejidad de lo real: el sujeto, el desorden, el azar, los antagonismos, las complementariedades, etc. Este paradigma de simplificación se autojustifica, a su vez, por la coherencia lógico-deductiva, estrategia de legitimación que Morin caracteriza como racionalización, simulacro de la razón que se atribuye a sí misma la imagen de la racionalidad. Se convierte entonces en un sistema clausurado, se dogmatiza. Como dice en Para salir del siglo xx, se transforma en un sistema frío, porque deja de liberar calor mediante intercambios dialógicos con el exterior. Elimina como sinrazón todo lo que no puede controlar mediante su construcción. Según analiza en Ciencia con conciencia, este problema no es meramente epistemológico, sino también ético. El pensamiento reductor, unidimensional, no es inofensivo: tarde o temprano desemboca en acciones ciegas, que al actuar sobre el tejido de lo real conducen a consecuencias incontrolables. Por lo tanto, la búsqueda del método supone, no un problema meramente "metodológico", sino una redefinición del concepto de razón. Morin opone a la razón reduccionista-simplificante-cerrada, una racionalidad abierta, capaz de abordar la complejidad de lo real. La complejidad surge allí donde se pierde la distinción de los límites, donde el desorden, el azar y la incertidumbre irrumpen en los fenómenos, donde el sujeto-observador y el objeto-observado comienzan a confundirse. La complejidad no es la complicación. Lo que es complicado puede reducirse a principios simples o a partículas elementales. La complejidad no, simplemente porque la complejidad está en la base. Lo simple no es más que un momento arbitrario de abstracción arrancado a la complejidad.
   La estrategia propuesta por Morin para abordar esta hipercomplejidad puede trazarse a partir de tres principios. El principio dialógico: la interrelación simultáneamente complementaria, concurrente y antagonista de las instancias necesarias en la organización de un fenómeno. El principio recursivo: no sólo hay interacción, sino también retroacción de los procesos en circuito. El principio hologramático: cada punto de un holograma contiene la presencia del objeto en su totalidad. Se evoca aquí la idea leibniziana de mónada. El holograma manifiesta un tipo asombroso de organización, en la que el todo está en la parte que está en el todo, y en la que la parte podría ser más o menos apta para regenerar el todo. La idea de holograma revela la inadecuación de cualquier modelo causalista lineal. Los tres principios anteriores interactúan a su vez, dando lugar a procesos de "autoecoorganización". Mediante esta propuesta, Morin responde a la crisis de fundamentos, que se ha agudizado en la epistemología occidental del siglo xx, con la idea de una epistemología sin fundamento, insinuada ya por Rescher. En lugar de partir de los enunciados de base o protocolares, Rescher considera un sistema reticular cuya estructura no es jerárquica, en el cual no hay ningún nivel que sea fundamento de los demás. Morin acepta esta idea, añadiendo el esquema dinámico de bucle recursivo-rotativo, en el que los fenómenos emergentes reactúan sobre la base y las partes retroactúan entre sí y con el todo. Este bucle adquiere la forma de un torbellino, formado por el encuentro de dos flujos en apariencia antagónicos pero interactuantes que construirán una forma dinámica autoorganizante. A partir de este modelo será posible para Morin la idea de un universo que forme su orden y organización en la turbulencia, la inestabilidad, la improbabilidad. El orden, el desorden, la potencia organizadora deben pensarse en conjunto, en sus caracteres antagonistas y complementarios. Llegamos entonces a una idea paradójica: el cosmos se organiza al desintegrarse.
   Por último, el esquema epistemológico de Edgard Morin exige la superación de la disyunción sujeto-objeto. El aparato cognitivo del sujeto que impone su estructura al mundo ha sido a su vez coproducido en el proceso. El sujeto aquí considerado no es el ego trascendental, ahistórico, sino el sujeto viviente, finito, que introduce la historicidad en el conocimiento.
   El núcleo central de El método será El conocimiento del conocimiento; su tesis considera que el conocimiento que no conoce sus límites se automutila, y por esto lo que limita nuestro conocimiento es lo que lo posibilita. De aquí que una verdad total, exhaustiva, sea imposible. Cualquier pretensión de totalidad, de fundamentación absoluta se convierte en no verdad. La inconsciencia de los límites del conocimiento es el mayor límite del conocimiento. Pero al conocer sus propios límites, la razón puede inaugurar una dialógica con ámbitos hasta ahora rechazados: la filosofía, la religión, el mito.
   La necesidad de un replanteamiento de la racionalidad no tiene en Morin un significado meramente epistemológico. Se trata de responder a una crisis que ya se ha producido, y que afecta a la idea de ciencia, de progreso, de civilización. Como plantea reiteradamente, estamos en la Edad Media planetaria. Edad Media significa época de transición, pero lenta y prolongada. Nuestra posibilidad de salir de esta etapa es incierta: no estamos en el momento final de una temporalidad que lleve en sí un provenir radiante. El futuro es incierto. Vivimos con una noción simplificada del hombre y de la sociedad, del conocimiento y de la racionalidad. Morin plantea la necesidad de un nuevo nacimiento de la humanidad, un renacimiento. La gran tragedia de nuestros tiempos es, sin embargo, el aumento de la improbabilidad de este segundo nacimiento. Pero todos los grandes cambios en la historia humana han sido victorias de lo improbable. (Pensar Europa, Para salir del siglo xx, Ciencia con conciencia).



Bibliografía:

L'an zéro de l'Allemagne, 1946. 
L'homme et la mort, 1951 (trad. esp., El hombre y la muerte, 1974). 
Le cinéma ou l'homme imaginaire, 1956 (trad. esp., El cine o el hombre imaginario, 1961).
Les Stars, 1957 (trad. esp., Las estrellas de cine, 1972). 
Autocritique, 1959 (trad. esp., Autocrítica, 1976). 
L'Esprit du Temps, I, 1962 (trad. esp., El Espíritu del Tiempo. Ensayo sobre la cultura de masas, 1966).
Introduction à une politique de l'homme, 1965.
Commune en France: la métamorphose de Plodémet, 1967. 
Mai 68: la brèche, 1968 (con Claude Lefort y Cornelius Castoriadis).
La Rumeur d'Orléans, 1969.
Le vif du sujet, 1969.
Joumal de Californie, 1970 (trad. esp., Diario de Califomia, 1974). 
Le paradigme perdu; la nature humaine, 1973 (trad. esp., El paradigma perdido, el paraíso olvidado, 1974). 
L'Esprit du Temps, II, 1976. 
Cibernética, necesidad e insuficiencia, 1976. 
La Méthode I. La nature de la Nature, 1977 (trad. esp., El Método I. La naturaleza de la Naturaleza, 1981). 
Le mythe du développement, 1977.
La Méthode II. La vie de la Vie, 1980 (trad. esp., El Método II. La vida de la Vida, 1983).  Journal d'un livre, 1981.
Pour sortir du xxe. siècle, 1981 (trad. esp., Para salir del siglo xx, 1982). 
Science avec conscience, 1982 (trad. esp., Ciencia con conciencia, 1984). 
De la nature de la URSS (Complexe totalitaire et nouvelle empire), 1983 (trad. esp., Qué es el totalitarismo. De la naturaleza de la URSS, 1985). 
Sociologie, 1984. 
Le rose et le noir, 1984.
Penser l'Europe, 1987 (trad. esp., Pensar Europa, 1988). 
La Méthode III: La conaissance de la Conaissance, 1986 (trad. esp., El Método III. El conocimiento del conocimiento, 1988). 
Vidal et les siens, 1989 (con Véronique Grappe-Nahoum y Haïm Vidal Sephiha).  Introduction à la pensée complexe, 1990 (trad. esp., Introducción al pensamiento complejo, 1994). 
La Méthode IV. Les Idées, 1991 (trad. esp., El Método IV. Las Ideas, 1992). 
Terre-Patrie, 1993, con Ann Brigitte Kem (trad. esp., Tierra Patria, 1993). 
Mes demons, 1994 (trad. esp., Mis demonios, 1995). 
Une anée Sisyphe, 1995.

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