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sábado, 10 de noviembre de 2012

Barthes, Roland



Cherburgo, Francia, 12 de noviembre de 1915. Estudió en París en los liceos Montaigne y Louis le Grand, enfermando de tuberculosis antes de terminar el bachillerato, hecho que lo obligara a alternar sus estudios con largas hospitalizaciones. Tras estudiar letras clásicas en la Sorbona, donde funda el Groupe de Theatre Antique, con el que viaja a Grecia, obtiene el diploma de estudios superiores e inicia su actividad académica. En 1947 comienza a publicar artículos en Combat que serán la base de su primer libro. Posteriormente será Lector de Francés en Rumania y Egipto. En los años cincuenta trabaja en la Dirección General del Ministerio de Relaciones Exteriores de Francia. Más tarde será investigador en el Centre Nationale de la Recherche Scientifique, luego Director de Estudios en l'École Pratique des Hautes Etudes. En 1977 ocupa la cátedra de Semiología Literaria en el Collège de France. Muere en París, en accidente de tránsito, el 25 de marzo de 1980.

Renombrado crítico y ensayista, puede decirse que su obra ha trascendido notablemente esta caracterización inicial, teniendo en cuenta sus considerables aportes y la influencia ejercida sobre diversas esferas del conocimiento contemporáneo. Así, desde su formación en letras clásicas y tomando la múltiple herencia de la lingüística, el estructuralismo, la psicología y el marxismo, Barthes ha elaborado uno de los cuerpos conceptuales más ricos, personales y fecundos de nuestra época.
         Ha sido en primer lugar el constructor de la Semiología, la ciencia de los signos que implica la comprensión de los vínculos existentes entre el mundo de los significados y el real o tangible. Partiendo de la distinción entre lengua y habla establecida por Ferdinand de Saussure en su Curso de Lingüística General, Barthes lleva este esquema más allá del campo del lenguaje propiamente dicho, hasta el de los fenómenos sociales, que analiza como sistemas de signos susceptibles de ser leídos como discursos.
         Halla en el estructuralismo la forma para esa lectura, es decir, para la comprensión de los sistemas de signos, a través del desciframiento de la armazón interna de las diversas representaciones de la realidad. Si Lévi-Strauss había hecho del análisis estructural el método para el conocimiento y comprensión de las formas de pensamiento de las sociedades primitivas, Barthes lo utiliza para desentrañar los complejos mecanismos de funcionamiento y significación propios de la sociedad de consumo en la que, a partir del surgimiento y creciente complejización de los medios masivos de comunicación, los símbolos o apariencias han pasado a reemplazar a lo real que representan.  La búsqueda de una lógica social escapará entonces a la sociología para pertenecer a una socio-lógica, que no excluye a la anterior pero que la específica. Al respecto queda evidenciado el legado del marxismo en el nexo con la noción de superestructura, puesto que para Barthes los sistemas de ideas y representaciones que se imponen como universales tienen en realidad un origen de clase, emergente de la conciencia burguesa.
         Su tarea como crítico, en segundo lugar, ha tenido una trascendencia excepcional. Dedicó a ella buena parte de su esfuerzo intelectual a través de varios libros e infinidad de artículos tanto sobre autores clásicos (Michelet, Voltaire), como de vanguardia (Brecht, Robbe-Grillet). Pero su verdadera dimensión en este sentido se define por sus planteamientos y aportes vinculados a la necesidad de una nueva crítica,  a la que concebía desprovista de los esquemas rígidos de la que se practicaba en la universidad, pero sobre todo ajena a los factores externos al texto mismo. El grado cero de la escritura, inspirado en la lectura de Camus y en el que hace al mismo tiempo una reflexión sobre el lenguaje y el estilo, y un análisis de diferentes etapas de la literatura francesa, fue considerado en su momento un verdadero manifiesto de esa nueva crítica. Luego vendrán los Ensayos Críticos, reunión de número importante de artículos publicados durante una década, que serán, según sus propias palabras, como "eslabones en una cadena de sentidos". Su ensayo Sobre Racine será el detonante de un debate que lo enfrentará con parte del mundo académico, y del cual saldrá victorioso con un preciso alegato en Crítica y Verdad, donde sienta su posición al respecto: no el autor ni la obra, sino el texto es el verdadero objeto de la ciencia literaria.
         De cualquier manera, los análisis que realiza sobre diferentes aspectos de la realidad distan de ser ahistóricos, puesto que giran básicamente alrededor de la cultura francesa, entendida además como producto de un determinado sector social. Así, en Mitologías se centra en los mitos cotidianos por medio de los cuales se reconoce como propio de la naturaleza lo que es para el producto de la ideología; los ejemplos que desarrolla son muchos, y van desde la lucha libre hasta la publicidad.
         Respecto al resto de su obra, tanto en Elementos de semiologia como en Sistema de la moda traza algunos de los rasgos definitorios de su pensamiento. En el primero desarrolla las bases de aquella disciplina, sustentada en que todo acto u objeto equivale a un lenguaje o sistema de signos, portador de significado. La extensión a otros campos de la diferenciación entre sistema y sintagma le permite un análisis de la moda entendida como uno de los muchos sistemas con cuya lectura se accede a la comprensión de cierta organización ideológica de la sociedad.
         De todos modos, Barthes se caracterizó por una constante evolución personal que lo llevó a renegar a menudo de posturas anteriores y en sus últimos años a manifestar cansancio ante las doctrinas de cualquier índole aunque hubieran sido propias. En los años setenta reanuda el análisis literario, pero desde perspectivas que se han interpretado como un alejamiento del estructuralismo. Por ejemplo, S/Z, trabajo sobre una novela corta de Balzac, le sirve para proponer una lectura basada en la pluralidad de significados. En El placer del texto y en Barthes por Barthes -este último un retrato de si mismo en el que rehuye las convenciones autobiográficas- propone a su vez la recuperación del goce, esto es, de cierto hedonismo en el vínculo con el texto, que considera, con un claro sentido psicologista, "un objeto de placer como cualquier otro".
         A modo de recurso estilistico y metodológico de Barthes, cabe señalar en primer lugar el uso de oposiciones "voluntariamente artificiales", según sus propias palabras, utilizadas para sistematizar o clarificar conceptos (escritura-escribancia, placer-goce, denotación-connotación); y por la otra, la fragmentación de los textos en unidades de sentido, de lo cual es un buen ejemplo uno de sus últimos libros, el singular Fragmentos de un discurso amoroso, en el que a partir de trozos literarios y testimonios desarrolla lo que el llama "figuras", especie de repertorio del discurso o "soliloquio" del enamorado.
         Mucho puede agregarse todavía sobre hechos o personas que tuvieron incidencia sobre el trabajo de Barthes: su pasión por el teatro desarrollada a partir del conocimiento de Brecht, la influencia de Sartre, su interés por Sade, Flaubert y Proust, su proximidad con el grupo Tel Quel. Es que la amplitud y complejidad de la obra barthesiana impide abarcarla en su totalidad sin omisiones. Además, el interés inagotable que presenta ha movido a muchos estudiosos a volcarse sobre ella fervorosamente. Es el caso de Susan Sontag, quien, en un ensayo que le dedica, define a este autor como "moralista, hombre de letras, filósofo de la cultura, erudito de ideas pujantes, autobiógrafo proteico", al mismo tiempo que "paseante solitario" y "escritor con muchos mas meritos que los que actualmente le atribuyen sus admiradores más fervientes". 


Bibliografía:        

Le Degré zéro de l'ecriture, 1953 (trad. esp., El grado cero de la escritura, 1967); reed.: Le Degré zéro de l'ecriture suivi de Nouveaux Essais critiques, 1972 (trad. esp., El grado cero de la escritura seguido de Nuevos Ensayos críticos, 1973). 
Michelet par lui-même, 1954. 
Mythologies, 1957 (trad. esp., Mitologías, 1980). 
Sur Racine, 1963 (trad. esp., Sobre Racine, 1992). 
Essais Critiques, 1964 (trad. esp., Ensayos Críticos, 1967).
Eléments de sémiologie, 1965 (trad. esp., Elementos de semiología, 1971). 
Critique et Verité, 1966 (trad. esp., Crítica y verdad, 1972).
Système de la Mode, 1967 (trad. esp., Sistema de la moda, 1978). 
S/Z, 1970 (trad. esp., S/Z, 1980). 
L'Empire des Signes, 1970 (trad. esp., El imperio de los signos, 1991). 
Recherches Rhétoriques, 1970 (trad. esp.  Investigaciones retóricas I, 1974). 
Sade, Fourier, Loyola, 1971 (trad. esp., Sade, Fourier, Loyola, 1977). 
Le Plaisir du Texte, 1973 (trad. esp., El Placer del Texto, 1974).
¿Por dónde empezar? (antología española, 1974). 
Roland Barthes par Roland Barthes, 1975 (trad. esp., Roland Barthes por Roland Barthes, 1978).
Leçon Inaugurale de la Chaire de Sémiologie Littéraire du Collège de France, 1978 (trad. esp., El placer del Texto, seguido de la Lección Inaugural, 1980). 
Fragments d'un Discours Amoureux, 1977 (trad. esp., Fragmentos de un discurso amoroso, 1982).
La Chambre Claire. Note sur la photographie, 1980 (trad. esp., La cámara lúcida. Nota sobre la fotografia, 1982). 
Le Grain de la Voix: entretiens, 1962-1980, 1981 (trad. esp., El grano de la voz, 1985).  L'Obvie et l'Obtus: Essais Critiques III, 1982 (trad. esp., Lo Obvio y lo Obtuso: imágenes, gestos, voces, 1986). 
L'aventure sémiologique, 1985 (trad. esp., La aventura semiológica, 1990). 
Incidentes, 1987. 
El susurro del lenguaje: más allá de la palabra y de la escritura, 1987.

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