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domingo, 4 de noviembre de 2012

Hjelmslev, Louis



   El lingüista y semiótico danés Louis Hjelmslev nació en Copenhague el 3 de octubre de 1899 y murió en la misma ciudad el 30 de mayo de 1965. Hjelmslev intentó dar más rigor y claridad a la teoría general del lenguaje y la semiótica de Saussure. En concreto, se le recuerda como el inventor de la «glosemática» (véase más adelante) y por haber dado nuevo rigor al concepto de connotación.
   Como Saussure, Hjelmslev parte de la posición de que el lenguaje es una institución supraindividual que debe estudiarse y analizarse por derecho propio, y no como vehículo o instrumento del conocimiento, el pensamiento o la emoción ni, más en general, como medio de contacto con lo que está fuera de él. En pocas palabras, el enfoque trascendental (lenguaje como medio) debe dejar paso a un enfoque inmanente (el estudio del lenguaje por sí solo) (1). Para ello, Hjelmslev desarrolló lo que consideraba un sistema sencillo y riguroso de conceptos y términos que aclararan la naturaleza del lenguaje, en el máximo plano de generalidad, e hicieran más competente el estudio de sus realizaciones.
   Para el Hjelmslev de los Prolegómenos a una teoría del lenguaje –su obra más conocida–, el lenguaje es, al mismo tiempo, un sistema de signos y un proceso de realización (en el caso de Saussure, la terminología comparable es, respectivamente, langue y parole). Como Saussure, Hjelmslev también considera que el lenguaje es un sistema de signos, por lo que es importante ser claro acerca de la naturaleza del signo. En primer lugar, advertimos que ningún signo existe aisladamente; los signos están siempre en un contexto, en relación con otros signos. Para subrayarlo, Hjelmslev no habla del signo en sí sino de la función de signo. Una función que define como «una dependencia que satisface las condiciones para un análisis» (2). Del mismo modo que existe una función entre una clase y sus componentes, existe una función entre un signo y sus componentes, «expresión» y «contenido». Un signo, en resumen, no es una marca o un gesto con cualidades intrínsecas (una flecha puede no siempre ser un signo), sino lo que funciona como signo en un contexto determinado. Para que exista una función de signo, por tanto, debe haber –de nuevo, en terminología de Hjelmslev– una «expresión» y un «contenido». Entonces existe una función de signo entre estas dos «terminales» «absolutamente inseparables». Para las terminales que constituyen la función de signo –el «signo expresión» y el «signo contenido»–, Hjemlslev ofrece el nombre técnico de «funtivos». Para ser lo que es, la función de signo depende de la correlación mutua de los funtivos. Lo que Hjelmslev quiere decir aquí es que un signo no es ninguna entidad física o no física que el lingüista o el semiólogo puedan dar por supuesta. En realidad, no hay una ejecución real del signo que sea idéntica a la función de signo. La terminología comparable en Saussure, «signo», «significante» y «significado», indica que podría ser así.
   Para construir signos, el lenguaje contiene varias clases de no signos (por ejemplo, letras del alfabeto) que componen la materia prima necesaria para la formación de otros nuevos. A esta especie de «todavía no signos», Hjelmslev los llama «figuras». Las figuras evocan la noción de «significante flotante» que Lévi-Strauss descubre en la obra de Mauss. Sugieren que el lenguaje es siempre una totalidad abierta y no un sistema propiamente dicho, en el que los elementos compondrían un conjunto autónomo. Hay que decir, no obstante, que en el análisis de Hjelmslev, como en Mauss, no hay un reconocimiento explícito de esta consecuencia. Incluso para él, que está intensamente dedicado a elaborar una formalización rigurosa, sencilla y exhaustiva del lenguaje, debe considerarse que éste tiene un vínculo esencial con el significado y el pensamiento (3). No está claro si se trata del significado o el pensamiento; en cualquier caso, Hjelmslev prefiere afirmar que el lenguaje está vinculado a la «intención», que es, como explica en una formulación, «el factor común... a todos los lenguajes», «la "masa de pensamiento" amorfa» (4) que, hasta cierto punto, es exterior al lenguaje. Como veremos, la «intención» es el factor más problemático en toda la teoría de Hjelmslev. Por ahora, anotemos que la intención es inseparable del lenguaje –el lenguaje dejaría de tener toda raison d'être sin ella– y sin embargo, en cierto sentido, es externa a él. «En sí misma –explica Hjelmslev–, la intención no tiene forma, no está sujeta a una formación, sino que sólo es susceptible de ella» (5). De modo que, como Saussure (6), Hjelmslev afirma que el rasgo más distintivo del lenguaje, en general, es que es una forma en relación con la sustancia (intención). Por otro lado, la situación es más complicada para Hjelmslev porque, para él, hay intención-expresión e intención-contenido; y, sin embargo, en general, la intención es «inaccesible al conocimiento» en la medida en que el conocimiento es una «formación» (7). Para aclararlo, es necesario explicar lo que Hjelmslev quiere decir con «expresión» y «contenido».
   Antes de entender todo el sentido de «expresión» y «contenido», veamos, en primer lugar, que Hjelmslev considera el lenguaje como dos planos diferentes pero conectados entre sí: el del «sistema» –que corresponde a la estructura subyacente, siempre realizada, del lenguaje– y el del «proceso», también llamado «texto», que es siempre virtual. El proceso (texto) no es, como podría creerse, la ejecución del lenguaje (sistema); de modo que, si bien es imposible tener un texto sin lenguaje, es posible tener un lenguaje sin texto (8). Dado que Hjelmslev confunde «virtual», «real» y «concreto», una forma más clara de expresarlo sería decir que el lenguaje se hace real, pero sigue siendo virtual, mientras que el proceso es concreto pero sólo se realiza en parte. El sistema (la gramática, la sintaxis, el vocabulario), pues, permite la producción de un número infinito de textos, mientras que muchos textos no implican nunca más que un solo sistema o lenguaje. Hjelmslev analiza la relación entre «expresión» y «contenido» con arreglo a los dos ejes mencionados.
   «Expresión» y «contenido», observamos, son también los dos funtivos inseparables de la función de signo. La expresión puede darse en una variedad de formas: mediante el habla, la escritura, el gesto (lenguaje de signos), y cada medio, a su vez, se realiza en otros muchos medios (libros, televisión, radio, periódicos, folletos, teléfono, código Morse, semáforo, tablillas de piedra, inscripciones de todo tipo [sobre muros, suelos lápidas], películas, carteles, obras de arte, conversación y escritura cotidiana). En otras palabras, la expresión adopta una forma concreta (por ejemplo, en las palabras «quiero a Ron») y existe en una sustancia (por ejemplo, la voz humana, o unas marcas grabadas en un muro). Por consiguiente, existe una forma de la expresión (las palabras) y una sustancia de la expresión (el material de las palabras). En el lado del contenido también hay «forma» y «sustancia». El contenido puede definirse, en términos generales, como la forma en la que se articula un significado. Hjelmslev prefiere el término «contenido» en lugar de «significado», porque un mismo significado puede articularse a través de distintos contenidos, los contenidos de un lenguaje natural. Hjelmslev ilustra este argumento con el ejemplo que se muestra en la figura 1, en la que el contenido varía en relación con la misma área semántica (área de la intención).

Danés
Alemán
Francés


trae
   Baum
Arbre

   Holz


Bois


skov

  
   Wald

forêt



Figura 1. Intercambio de contenido y significado en Hjelmslev.
Fuente: Hjelmslev, Prolegómenos.

Aquí vemos que, en danés, trae abarca todo el Baum alemán y el arbre francés, y parte del Holz alemán y menos del bois francés.  Del mismo modo, skov traduce, en parte, el Holz y el Wald alemanes, además de la mayoría de bois y parte de forêt, ambos franceses. Hjelmslev comenta que esta «incongruencia en la misma zona de intención aparece en todas partes» (9). En el ejemplo, desde la perspectiva del plano del sistema, está ilustrado el nivel de la forma del contenido de la función de signo. Es como si el lenguaje, en sus diversas articulaciones, separara la misma área de significado (intención) de maneras específicas de dichas articulaciones (contenido). La forma de la intención la da la forma del contenido, y el significado es la sustancia del contenido. Un modo de entenderlo, según uno de los intérpretes de Hjelmslev, es afirmar que «ambas formas [forma de la expresión y forma del contenido] se manifiestan en una "sustancia"» (10). El término clave aquí no es «sustancia» sino «manifiesto»: hecho visible, revelado, perceptible, publicado, etc. Desde el punto de vista filosófico, la sustancia, en el siglo xiii, era equivalente a la esencia, precisamente lo que no era manifiesto (Hjelmslev censura el denominado uso no lingüístico de los términos, pero parece que precisamente un rasgo del lenguaje es evocar varios contextos diferentes simultáneamente). Incluso en relación con la forma más moderna de «sustantivo», el sentido no es tanto lo que se revela como lo que se oculta. Aunque así fuera, no supondría necesariamente un problema para la teoría de Hjelmslev si el término «sustancia» pudiera traducirse consistentemente como manifiesto. Pero, cuando también se dice que la intención es sustancia (11), sólo puede producirse la confusión.
Hjelmslev equipara las variaciones en la forma del contenido (distintos significados asociados a la misma área de intención, por lo que los idiomas no son directamente traducibles) al sistema del contenido, mientras que la constancia en la forma de aquél (la misma idea expresada en distintos idiomas, de modo que las expresiones son directamente traducibles), la equipara a su proceso. Igualmente, cuando los hablantes de distintos idiomas –por utilizar otro ejemplo de Hjelmslev– intentan pronunciar «Berlín», la intención de la expresión variará (debido al acento), mientras que la intención del contenido será la misma. También puede ocurrir que la misma pronunciación (intención de la expresión) en distintos idiomas sea la misma [got, Gott («Dios» en alemán), godt («bien» en danés)], mientras que la intención del contenido es distinta. Ambos ejemplos proceden del plano del proceso, según Hjelmslev.
La razón de esta elaboración de la función de signo, afirma nuestro autor, es demostrar que el signo no es sólo una etiqueta para algo previamente existente. Significa también evitar las divisiones artificiales en la lingüística, entre «fonética, morfología, sintaxis, lexicografía y semántica». De hecho, a Hjelmslev le interesa hasta tal punto partir de una nueva base para el estudio del lenguaje que utiliza el nombre de «glosemática», (del griego glossa, que significa «lenguaje») para indicar el carácter innovador de su método.
La glosemática sería «un álgebra del lenguaje que opera con entidades sin nombre» (12), una ciencia que posee «el álgebra inmanente del lenguaje» (13) como objeto. La razón de este nuevo enfoque deriva del argumento inicial de que durante demasiado tiempo, según Hjelmslev, la lingüística ha estudiado el lenguaje desde un punto de vista trascendente, es decir, que se han utilizado características no lingüísticas para explicar el lenguaje. La glosemática pretende ofrecer un marco y una terminología que sean rigurosos, sencillos y exhaustivos para explicar la realidad y el empleo del lenguaje. Para ello, Hjelmslev dedicó sus energías a desarrollar y perfeccionar un vocabulario técnico en el que no vamos a detenernos aquí. Sin embargo, desde una perspectiva semiótica más general, es preciso explicar la teoría de la «denotación» y la «connotación» de Hjelmslev. La denotación, como implica el término, es el área de expresión que se refiere a un contenido: por ejemplo, la oración «el gato se sentó en la estera» denota un gato sentado en una estera. Esa misma oración, desde el punto de vista de la connotación, podría evocar el contexto de unos niños, o una especie de ejemplo «típico» usado como ejemplo. Más formalmente, la connotación se refiere al hecho de que la expresión y el contenido, unidos, se convierten en otra expresión que se refiere a otro contenido. Se puede expresar en un diagrama como el de la figura 2.

Expresión
Contenido
Expresión
Contenido





Figura 2. Expresión y contenido en el pensamiento de Hjelmslev.
Fuente: Umberto Eco, A Theory of Semiotics, pág. 55.

Por su parte, Hjelmslev afirma que la semiótica denotativa es «una semiótica en la que ninguno de los planos es una semiótica», mientras que una semiótica connotativa es una semiótica «cuyo plano de la expresión es una semiótica». (14). Pero no sólo. Porque el plano del contenido también puede ser una semiótica, lo que Hjelmslev denomina una «metasemiótica». La lingüística, afirma, es un ejemplo de metasemiótica: el estudio del lenguaje que es, en sí mismo, un ejemplo de lenguaje. Autores como Barthes, Todorov y Eco han utilizado las nociones de semiótica denotativa y connotativa, pero se han mostrado más circunspectos sobre la viabilidad del concepto de metasemiótica.
Queda por hacer una breve valoración de la teoría del lenguaje y la semiótica de Hjelmslev. Desde luego, el proyecto de Hjelmslev abre una amplia variedad de cuestiones, y el rigor introducido en la semiótica muestra qué fácil es dar por descontada la noción de signo y que éste se convierta en un mero vehículo de significado, al margen del lenguaje involucrado. Por otro lado, la elaboración que hace Hjelmslev de su teoría del lenguaje se opone frecuentemente a las limitaciones de la coherencia y la sencillez. Del mismo modo, si los conceptos de «forma» y «sustancia» de Saussure exigen verdaderamente aclaración, es precisamente en ese punto donde Hjelmslev también está a punto de embarrancar. Una lectura minuciosa de los Prolegómenos, desde el punto de vista de su coherencia, deja al lector completamente inseguro de cómo la «intención» –la masa amorfa inaccesible fuera del sistema de signos– puede vincularse a la «expresión» y al «contenido» en los términos «intención de la expresión» e «intención del contenido»; porque, para incluirse en cualquiera de ambos funtivos del signo, la intención debe adoptar una forma específica que, por definición, no puede tener. Lo que tenemos son dos intenciones diferentes que son lo que son porque se distinguen entre sí. El hecho de que la intención se distinga la lleva a la esfera semiótica, de modo que deja de ser externa al lenguaje o amorfa.
Sin embargo, existe otro problema con respecto a la intención. Se trata de que, aunque pasemos por alto el uso inconsistente que Hjelmslev hace del término, el autor de los Prolegómenos se ve obligado a recurrir a una dimensión extralingüística o semiótica con el fin de facilitar el desarrollo de una lingüística «inmanente». En otras palabras, la intención es la forma inadvertida que tiene Hjelmslev de dar a su teoría un elemento trascendental, precisamente lo que intentaba no hacer. Ésa es la razón de que Julia Kristeva pueda afirmar que la teoría de Hjelmslev permanecía arraigada en el influyente marco fenomenológico que ha dominado la lingüística hasta hoy (15).
Desde una perspectiva más positiva, Hjelmslev hizo progresos en la aclaración de la distinción de Saussure entre langue y parole. Saussure se equivocó al dar prioridad a la palabra hablada en el plano de la parole, y el uso que Hjelmslev hace del «texto» o «proceso» contribuye al rigor de la definición. Por otro lado, al definir el «sistema» (la langue de Saussure) como algo independiente del «texto», Hjelmslev parece afirmar que el lenguaje es esencialmente un sistema, porque, si el lenguaje sin texto es «imaginable», el texto sin lenguaje no lo es. El riesgo es el de reducir el lenguaje a un modelo lingüístico, en vez de reconocer que los dos planos (modelo y empleo) son inseparables entre sí.
Aunque, como admite Eco, la teoría de Hjelmslev sorprende frecuentemente al lector por ser de una «complejidad aparentemente bizantina» (16), su determinación de ofrecer una teoría estrictamente «inmanente» del lenguaje y la semiótica ha servido de inspiración para otros como Eco y Derrida (17) para emprender el proyecto de establecer un marco semiótico que empiece a desestabilizar el edificio metafísico que constituye el centro de la teoría trascendental de los signos y los sistemas de signos.




NOTAS

1. Véase Louis Hjelmslev, Prolegomena to a Theory of language, trad. de Francis J. Whitfield, Madison, University of Wisconsin Press, ed. inglesa rev., reimpr. 1963, págs. 4-5.
2. Ibíd., pág. 33.
3. En la traducción al francés de los Prolegomena de Hjelmslev, «purport» –traducción de la palabra danesa mening– equivale a «sens» (significado).
4. Hjelmslev, Prolegomena, pág. 52.
5. Ibíd., pág. 76.
6. Véase F. de Saussure, Cours de linguistique générale, París, Payot, 1972, págs. 155-156. (Trad. esp.: Curso de lingüística general, Madrid, Alianza, 1994.)
7. Hjelmslev, Prolegomena, pág. 76.
8. Ibíd., págs. 39-40.
9. Ibíd., pág. 54.
10. B. Siertsema, A Study of Glossematics. A Critical Survey of its Fundamental Concepts, La Haya, París, Martinus Nijhoff, 1955, pág. 17.
11. Hjelmslev, Prolegomena, pág. 52 y pág.   80.
12. Ibíd., pág. 79.
13. Ibíd., pág. 80.
14. Ibíd., pág. 114.
15. Julia Kristeva, Revolution in Poetic Language, trad. de Margaret Waller, Nueva York,Columbia University Press, 1984, págs. 38-40.
16. Umberto Eco, A Theory of Semiotics, Bloomington, Indiana University Press, 1979, pág. 52.
17. Véase Jacques Derrida, Of grammatology, trad. Gayatri Chakravorty Spivak, Baltimore, Johns Hopkins University Press, 1976, págs. 57-60.


PRINCIPALES OBRAS DE HJELMSLEV

Prolegómenos a una teoría del lenguaje, (1943), Madrid, Gredos.
El lenguaje (1970), Madrid, Gredos.


OTRAS LECTURAS

SIERTSEMA, B.: A  Study of Glossematics: Critical Survey of its Fundamental Concepts, La Haya, París, Martinus Nijhoff, 1955.

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