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miércoles, 7 de noviembre de 2012

Kuhn, Thomas Samuel



   Cincinnati (Estados Unidos), 18 de julio de 1922. Realizó su formación académica en la Universidad de Harvard, donde se licenció en Física, obteniendo en 1949 el doctorado en Humanidades. Ha sido profesor en las universidades de Berkeley, Princeton y Harvard, y entre 1979 y 1991 trabajó en el Instituto Tecnológico de Massachusetts. Falleció el 17 de junio de 1996.

   Probablemente La estructura de las revoluciones científicas de Thomas S. Kuhn sea el libro más importante y polémico en su género aparecido en los últimos cuarenta años. Editado en 1962, desde entonces encendió los debates entre filósofos, lógicos e historiadores de la ciencia. Es que la tesis sustantiva de Kuhn apuntaba claramente al corazón del positivismo anidado en la epistemología tradicional o clásica (más allá de Popper), que creyó siempre ver en el desarrollo de las ciencias un progreso ininterrumpido, que podemos denominar "por acumulación". Acumulación de conocimientos –construcción "ladrillo a ladrillo", nos dice Kuhn– se produce en los períodos tranquilos de la ciencia "normal", cuando los grandes conceptos rectores, la visión de la comunidad científica acerca del mundo natural, están sólidamente instalados, bajo el paraguas de uno o varios "paradigmas". Es entonces cuando los científicos exploran las anomalías, los puntos oscuros que las teorías no han podido resolver aún, y de cuya resolución depende el "progreso científico".
   Para esa labor, el paradigma científico provee de una suerte de protección, el marco conceptual y epistemológico en el que se discute la problemática; pues naturalmente hay muchas cosas para ser resueltas por la labor y el esfuerzo cotidiano de físicos o biólogos. Son esos "enigmas" que la ciencia normal transforma en el objeto de su esfuerzo regular los que pueden calificarse de "anomalías" del paradigma aceptado, ya que ningún paradigma resuelve el conjunto de cuestiones, sino que provee de las herramientas, las técnicas y las reglas (incluidas, naturalmente, las leyes) que permitirán la extensión continua del conocimiento.
   Sin embargo, los científicos se guían por más cosas que un conjunto de leyes y reglas. También los paradigmas proveen de criterios para seleccionar los problemas que pueden ser resueltos, o pautas para discernir qué preguntas pueden ser contestadas, o más aún, cuáles de ellas tiene sentido formularse.
   Agreguemos que entre los grandes conceptos rectores de la labor científica están también otras creencias de aceptación generalizada. La esperanza de encontrar un orden en la naturaleza, la de que las cosas reales tienen simplicidad y armonía, regularidad y hasta simetría. Todo esto es bastante común encontrarlo en la "ideología" subyacente de los investigadores, esto es, en la mayoría de los paradigmas que guiaron el avance de la ciencia en distintas épocas y que la investigación histórica permite sacar a la luz.
   Pero hay instantes cruciales en la historia de la ciencia en los que la acumulación de preguntas hace estallar la capacidad de respuesta del paradigma vigente. Son los períodos de crisis, cuando el vertiginoso ritmo de la creación acumulativa de conocimientos se detiene. Allí la ciencia "normal" se muestra impotente y emergerán uno o más paradigmas alternativos. Es durante estas crisis cuando ciertas anomalías se convierten en el objetivo principal de la disciplina, dado el carácter obsesivo y recurrente con que la comunidad científica intenta resolverlas, girando muchas veces sin perspectivas ciertas alrededor del enigma desafiante.
   La emergencia de un nuevo paradigma es la esencia misma de las revoluciones científicas. No es un proceso acumulativo. No tiene normalmente como protagonistas a quienes se prepararon largamente en la "ideología" del paradigma decadente, e implican la "reconstrucción del campo" a través de nuevos fundamentos. Las revoluciones científicas son entonces episodios de desarrollo no acumulativo en los que un paradigma es desplazado por otro nuevo. Implican un cambio en el concepto del mundo físico, y constituyen no solamente un instante crucial en la historia de las ciencias sino también un mecanismo inevitable e ínsito del desarrollo científico.
 Kuhn se presenta a sí mismo, precisamente, como un historiador de las ciencias. Reclama para semejante labor la necesidad de un conocimiento acabado de la materia en estudio como de la naturaleza de la investigación histórica. Porque las revoluciones científicas son invisibles a los ojos de esa comunidad que constituyen los hombres de ciencia. Es natural; han sido educados por los libros de texto y las publicaciones que responden coherentemente al paradigma vigente y que presentan el conocimiento científico como un proceso lineal de construcción "ladrillo a ladrillo".
 Sólo la investigación histórica podrá entonces desentrañar el verdadero papel de quienes provocaron alteraciones sustanciales en la conceptualización científica, y con ello el contradictorio proceso del desarrollo científico mismo. Pero no cabe duda de que Kuhn invade conscientemente otros campos y cada vez más a partir de la publicación que le diera celebridad. A la polémica implícita y explícita con el positivismo, se agregará el debate con los "falsacionistas" como Popper.
 Recuperando aportes significativos de Koyré, Kuhn llegará a la conclusión de que la historia de la ciencia contradice la lógica de la ciencia vigente. Por eso, cuando preguntamos a Aristóteles cuánto sabe de física moderna "nos resulta bastante estúpido". Y por eso es inevitable poner en cuestión el principio de transferencia.
 Lo que distingue a dos paradigmas en pugna durante una revolución científica es precisamente la inconmensurabilidad. Un paradigma, insiste Kuhn, no puede ser "derrotado" por las sucesivas pruebas de contrastación que implica la falsación popperiana, en tanto que ningún paradigma elimina totalmente las anomalías. No hay entonces una cuestión de desajuste más o menos grave entre la teoría y la realidad. Hay, sí, un paradigma nuevo, en el cual las cuestiones relevantes son sencillamente diferentes, las variables destacadas dejan de ser las antiguas, el lenguaje se ha transmutado para que viejas palabras representen ahora otra cosa. Hay, en fin, un cambio epistemológico. Kuhn sustituye de esta manera los patrones de racionalidad científica por un patrón nuevo: el consenso de la comunidad científica.
 Todo conduce finalmente a cierto "relativismo", pues no hay criterios objetivos lógicos para juzgar los cambios de paradigma. Como tampoco para explicar la sobrevivencia evidente en el tiempo de paradigmas contradictorios. Ni razones suficientes para interpretar a las revoluciones científicas como un proceso que explique la racionalidad y el carácter progresivo de la ciencia. En todo caso, quedará después de La estructura de las revoluciones científicas abierto el debate sobre este y otros temas.
 Mientras tanto, el propio Kuhn se enfrascará cada vez más en sus publicaciones posteriores, en cuestiones lingüísticas como las que permitirían explicitar el verdadero contenido de la inconmensurabilidad, abandonando las contribuciones históricas promisoriamente abiertas en su célebre volumen.



Bibliografía:         

- The Copernican Revolution: Planetary Astronomy in the Development of Western Thought, 1957 (trad. esp., La Revolución copernicana: la astronomía planetaria en el desarrollo del pensamiento occidental, 1978). 
- The Structure of the Scientific Revolutions, 1962 (trad. esp., La estructura de las revoluciones científicas, 1971).
- The Essential Tension: Selected Studies in Scientific Tradition and Change, 1977 (trad. esp., Tensión Esencial, 1982). 
- Black Body Theory & the Quantum Discontinuity, 1978 (trad. esp., Teoría del cuerpo negro y la discontinuidad cuántica, 1980). 
- Segundos pensamientos sobre paradigmas, 1978. 
- La función del dogma en la investigación científica, 1980. 
- Qué son las revoluciones científicas y otros ensayos, 1989.

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