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lunes, 22 de octubre de 2012

Genette, Gérard




La obra de Gérard Genette tiene una importancia especial para los teóricos de la literatura y los semiólogos. El interés permanente en la considerable obra de este autor, que abarca el espectro literario desde los clásicos griegos hasta Proust, es elaborar una teoría general –basada en esquemas de clasificación– de la singularidad del objeto literario. Ansioso por evitar la tortura de imponer categorías a obras literarias desde fuera, pero rechazando la ingenuidad del empirismo en la crítica literaria, Genette ha intentado –mediante un «método analítico» flexible– permitir un conocimiento del «misterio» de la obra literaria sin destruir ese misterio. Inspirado en los análisis estructuralistas que elevaron el análisis textual formal a nuevas alturas en los años 60, Genette se ha preocupado de defender la autonomía del objeto literario. De ahí que termine diciendo que la gran obra de Proust, En busca del tiempo perdido, en su conjunto, es irreductible: «No es una ilustración más que de sí misma» (1).
Genette nació en París en 1930, fue un producto de la École Normale Supérieure –donde obtuvo su agrégation en Lettres clasiques en 1954– y es contemporáneo directo de Jacques Derrida y Pierre Bourdieu. Las reflexiones de Derrida sobre la escritura en De la grammatologie, especialmente, influyeron en los artículos publicados por Genette en los años 60 sobre crítica y teoría literaria. Nuestro autor fue uno de los primeros en señalar la importancia del concepto de gramatología de Derrida en una visión espacial de las obras loterarias (2). En 1959-1960, Genette y Derrida enseñaron en un lycée y prepararon a sus alumnos para la entrada en la École Normale Supérieure. En 1963 pasó a ser assistant de literatura francesa en la Sorbona y, después, maître-assistant. En 1967 fue designado para el puesto de director de estudios de estética y poética en la École des Hautes Études, en Ciencias Sociales.
Junto con Tzvetan Todorov y Hélène Cixous, Genette comenzó en 1970, en las Éditions du Seuil, la influyente publicación Poétique, así como la colección literaria del mismo nombre. Fue en Poétique donde se publicó por primera vez el importante ensayo de Derrida «La mitología blanca: metáfora en el texto de la filosofía» (3).
En los primeros artículos de Genette, publicados en Figures I (1966), se puede observar un indicio de los temas posteriores. Está, por ejemplo, la crítica del psicologismo, que rechaza por su impulso reductor y determinista. El teórico considera que un texto literario es literario precisamente porque no puede reducirse a la disposición psicológica de un autor. Igual que Blanchot, Genette está de acuerdo en que el sitio del autor es un lugar de anonimato. Escribir es esconderse, llevar una máscara. Como máximo, la experiencia vivida del autor se refracta –se desplaza– en el texto; no se refleja ni se expresa en él. El especialista en teoría literaria está interesado en el proceso de desplazamiento per se, y no en la condición psicológica del autor (si es que puede establecerse). Genette se une así a Foucault, Barthes y otros en la adopción de la «muerte» del autor como punto de partida.
A partir de Figures III (1972), la cuestión de la presencia y ausencia del autor deja paso a las grandes preocupaciones de Genette en los 70 y 80. Entre ellas están: los análisis de la narrativa [que culminan en Nouveau discours du récit (1983)]; el estudio de la imaginación del lenguaje en Mimologiques (1976); el desarrollo de una teoría de los géneros en Introduction à l'architexte (1979); la formación del concepto de «transtextualidad» e «hipertextualidad» en Palimpsests (1982) y, por último, un estudio del «paratexto» (el título, el prólogo, el epílogo: elementos en el texto principal, pero no de él), en Seuils (1987). Más recientemente, Genette ha publicado sus reflexiones sobre un tema indicado por primera vez en Figures II, la naturaleza de la ficción y la condición de «literariedad» en Ficción y dicción. ¿Cuáles son las grandes hipótesis que surgen de los escritos de Genette en estas dos décadas de permanente teorización y reflexión?
La aportación de Genette a una teoría del objeto narrativo y literario (es decir, estéticamente satisfactorio), en general, reside en la meticulosidad con la que amplía la esfera analítica del lector crítico. Hasta ahora se han dado por descontados numerosos aspectos de la escritura narrativa. Una historia «funciona» por alguna razón, pero pocos han planteado preguntas incisivas sobre cómo y por qué ocurre. Pensemos en la narración. Genette demuestra –sobre todo en relación con Proust– que una función narrativa está constituida por muchos aspectos y planos: no puede reducirse a un solo caso de narración de una historia. Si tomamos como ejemplo el aspecto de la «voz» narrativa, a través del análisis de Genette vemos que esa voz, por sí sola, está constituida por los siguientes elementos:

   1. Caso narrativo: se refiere al hecho de que siempre hay un momento o contexto enunciativo en el que tiene lugar la narración. El caso narrativo es crucial para atribuir significado o importancia a lo que expresa la voz narrativa. Aquí hay que recordar la teoría de Benveniste de que, para entender totalmente cómo funciona el lenguaje, debemos explicar el acto de afirmar (énonciation) y la afirmación hecha (énoncé). Las manifestaciones narrativas (énoncés), en sí, suelen ser sencillas y transparentes (por ejemplo, «durante mucho tiempo me acosté temprano», de Proust, citado por Genette). Sólo cuando se tiene en cuenta el caso narrativo se puede apreciar por completo el significado narrativo concreto de una expresión.
   2. Tiempo narrativo: mientras que el lugar o el espacio pueden quedar indefinidos en la narración, el tiempo no puede, aunque sólo sea porque está inscrito en el tiempo del verbo y, por tanto, en todo el lenguaje. Además, el caso narrativo tendrá una relación temporal específica con los hechos relatados. Con frecuencia, la narración es posterior a los hechos, pero no inevitablemente. Existen narraciones «predictivas» (proféticas, apocalípticas, oraculares) que se refieren a un momento futuro, así como narraciones que describen los hechos mientras ocurren, o que convierten el propio acto de la narración (por ejemplo, Las mil y una noches) en el centro de la historia. El tiempo narrativo se refiere siempre al tiempo de la narración. Uno de los ejemplos más claros se encuentra en la novela epistolar, en la que el acto de escribir y narrar (por ejemplo, en La nouvelle Héloïse de Rousseau) forma parte de la propia narración. En tal caso, el tiempo del suceso relatado puede ser el mismo tiempo de la narración. Son posibles muchas variaciones sobre el tema. Por ejemplo, puede haber una narración dentro de otra narración, como en la Odisea de Homero. O, de nuevo en una novela epistolar, una carta anterior que cumplió su papel en la marcha de la novela puede pasar a ser el hecho narrado en una carta posterior. Claramente, para que el tiempo de la historia coincida con la narración, ambos tienen que estar «en» el mismo tiempo. Una posibilidad interesante que se deriva de la coincidencia de los dos tiempos es que el fin de la narración se convierta en un hecho dentro de la historia, como cuando, al final de una confesión, se ejecuta al narrador.
Desde el siglo xix, la forma más común de narración ha sido en tercera persona y con posterioridad a los hechos relatados. Como advierte Genette, un rasgo curioso de dicha narración es que es «intemporal»: no existe indicio del tiempo de la escritura y narración.
   3. Planos narrativos: se refiere a la relación entre el acto de relatar y el hecho relatado. Se considera que todo hecho narrado está en un plano superior al hecho de narrar. El relato corto de Balzac Sarrasine es un ejemplo de las posibles variantes en el plano narrativo. El narrador en la historia refiere los hechos que conducen a su relato de la historia de Sarrasine, luego cuenta la historia del enamoramiento de Sarrasine respecto a la joven La Zambinella, antes de regresar a lo que podría considerarse el centro de su narración. Una historia dentro de otra, como si dijéramos; pero para Genette constituye una muestra del plano narrativo.

Éstas son varias de las características de la «voz» que Genette descubre en su estudio de la narrativa. También destaca la «metalepsis» (la narración del paso de un plano narrativo a otro), la «persona» (la diferencia entre el narrador que se refiere a sí mismo como narrador y una narración en primera persona), el «héroe» (como narrador y como narrado), las «funciones del narrador» (contar una historia; facilitar la organización interna del texto; garantizar la situación narrativa del narrador y el lector; asegurar el carácter afectivo, moral o intelectual de la narración; expresar una ideología), y el «receptor» (narrataire) de la narración tal como está indicado en la propia narración.
Además de la «voz», Genette define y estudia también otros cuatro aspectos de la narración:

  1. Orden: el orden de los hechos en relación con el orden de la narración. Un hecho puede ocurrir antes del momento de la narración (analepsis), o puede evocarse por adelantado un hecho posterior (prolepsis), o puede existir un desacuerdo entre ambos órdenes (anacronía)
  2. Duración: el ritmo al que ocurren las cosas.
  3. Frecuencia: el grado de repetición en una narración.
  4. Modo: el punto de vista, incluyendo la «distancia» del narrador respecto a lo que se está narrando.

Hasta ahora nos hemos centrado en aspectos de la teoría de la narración en Genette. Hay tres términos que especifican los elementos esenciales de todo acto narrativo: 1) una historia (histoire); 2) el discurso narrativo (récit); y 3) la narración (el acto de contar la historia). Genette observa: «Como narración, el discurso narrativo vive a través de su relación con la historia que relata; como discurso, vive a través de la narración que lo ofrece» (4). Es decir que, ni siquiera a un nivel general, existe sencillamente una historia relatada, sino que hay también un tercer elemento (el discurso narrativo) que, aunque no es separable de la historia o el acto de relatarla, no es tampoco idéntica a ellos. Desde un punto de vista lingüístico, la narración (récit) corresponde al plano de la afirmación hecha (énoncé), mientras que la narración corresponde al acto de afirmar (énonciation).
Al estudiar el discurso narrativo en Figures II, Genette se refiere a la oposición entre diégesis y mímesis que aparece en la República de Platón y la Poética de Aristóteles. En concreto, la diégesis aparece con frecuencia en el estudio de la narración que hace Genette. Para los griegos, la diégesis es el aspecto puramente narrativo de la ficción (una mímesis imperfecta), que debe distinguirse de la mímesis, el aspecto imitativo o dramático. Hoy en día, la distinción entre mímesis y diégesis se ha perdido, en beneficio de la segunda. En las obras escritas por Genette a principios de los 70, la diégesis se refería concretamente a la narración de los hechos. En Sarrasine, Genette considera la introducción al relato de la historia de Sarrasine y La Zambinella «extradiegética»; es decir, no una verdadera parte del relato de los hechos. No sólo es una distinción dudosa (lo extraordinario de Sarrasine es claramente que se trata del relato de dos historias), sino que la importancia de la noción de diégesis parece mínima frente a la trilogía historia-narrativa-narración.
En su obra Mimologiques, de mitad de los 70, Genette se propone interpretar la enigmática teoría de los nombres en el Crátilo de Platón. A diferencia de la mayoría de críticos e intérpretes de Platón, Genette se toma en serio el mimologismo de aquél, es decir, la idea de que los nombres, de una forma esencial, imitan aquello a lo que se refieren. Aunque el enfoque estructuralista destaca el carácter convencional del lenguaje, Genette emprende un largo y detallado estudio sobre autores, desde los inicios de la era moderna, que se han visto influidos por el principio platónico de la «eponimia». «La función de la eponimia –afirma Genette– es dar significado a un nombre que presuntamente no tiene ninguno, es decir, hallar en él uno o dos nombres ocultos que estén hipotéticamente dotados de significado» (5). Ese «significado» será inevitablemente una forma de mímesis.
En Mimologiques, Genette estudia la capacidad de invención, voluntaria e involuntaria, de quienes han especulado sobre el origen del lenguaje desde hace más de tres siglos, y que han supuesto, como Platón, y con arreglo al principio de la eponimia, que existe una relación mimética entre el nombre y lo que se nombra.
Palimpsests es quizá, por el rigor y el alcance de su incursión analítica, la obra más importante de Genette. En ella clasifica y analiza numerosas formas distintas en las que un texto se refleja en otro. En el uso que Genette hace del término, el palimpsesto es una función; es literatura en segundo grado, una «transtextualidad» compuesta, en parte, de los siguientes aspectos: «intertextualidad», incluyendo la cita, el plagio y la alusión; «metatextualidad», de qué forma se agrupa un texto en otro sin ser citado, como cuando Hegel evoca Le neveu de Rameau de Diderot en la Fenomenología de la mente; «architextualidad», tipos de discurso, modos de enunciación, géneros literarios que trascienden cada texto individual, pero a los que se refiere cada texto concreto; e «hipertextualidad». Esta última constituye el foco principal del estudio de Genette, y se define como «toda relación que reúne un texto B... con un texto anterior A... en el que se imbrica de una manera distinta a la del comentario» (6). El texto B no podría existir sin el texto A, pero no habla de él. Un ejemplo es el Ulises de Joyce, que se relaciona claramente con la Odisea de Homero. Un resultado evidente del estudio de Genette es que duda que algún texto sea verdaderamente la singularidad que con frecuencia presenta la historia literaria.
Como mencionamos al principio, la oeuvre de Genette es, para bien o para mal, un impulso de elaborar una terminología sistemática y rigurosa para teorizar la «literariedad de la literatura». Tenemos ante nosotros, pues, un proyecto que intenta cosificar y, por tanto, hacer trascendentes, todos los aspectos de la producción y la esencia del texto literario. Pese a las protestas de Genette de que también intenta hacer justicia al misterio de la singularidad del texto literario, resulta difícil, muchas veces, no verse lastrado por una terminología que parece preocuparse, sobre todo, por no dejar nada al azar, es decir, no dejar nada a la indefinición que constituye el corazón de la literatura y, más en general, el corazón de cualquier producto artístico.


NOTAS

  1. Gérard Genette, Figures III, París, Seuil, Poétique, 1972, pág. 68.
  2. Gérard Genette, Figures II, París, Seuil, TEL, 1969, pág. 17.
  3. Véase Jacques Derrida, «La mythologie blanche», Poétique, 5 (1971).
  4. Genette, Figures III, pág. 74.
  5. Gérard Genette, Mimologiques: Voyage en Cratylie, París, Seuil, Poétique, 1976, pág. 25.
  6. Gérard Genette, Palimpsests: La littérature au second degrée, París, Seuil, Points, 1982, pág. 13.


PRINCIPALES OBRAS DE GENETTE

Figures I, París, Seuil, TEL, 1966.
Figures II, París, Seuil, TEL, 1969.
Figuras III (1972), Barcelona, Lumen, 1989.
Mimologiques: Voyage en Cratylie, París, Seuil, Poétique, 1976.
Introduction à l'architexte, París, Seuil, 1979.
Palimpsestos: la literatura en segundo grado (1982), Madrid, Taurus, 1989.
Nouveau discurs du récit, París, Seuil, 1983 (trad. esp. en preparación, Madrid, Cátedra, 1997).
Seuils, París, Seuil, Poétique, 1987.
Paratexte, París, Maison des Sciences de l'homme, 1989.
Ficción y dicción, Barcelona, Lumen, 1993.


OTRAS LECTURAS

MOSHER, Harold, «The structuralism of G. Genette», Poetics, 5, 1, 1976.

SMITH, Barbara H., «Narrative versions, narrativo theories», Critical Inquiry, otoño de 1980, págs. 213-236.




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